Podemos sumergirnos cerca del vértice de un saliente de la pared, frente a la entrada de la primera cueva, en un fondo de unos  -12mts, y tomando rumbo Sur, que nos lleva directos a la pared, tras sortear unas grandes rocas encontramos el pórtico de entrada a -10mts de profundidad. Es un acceso diáfano y fácil y nada mas introducirnos advertimos como la erosión de la piedra ha generado unas enormes columnas que distribuyen el espacio en curiosas y fantásticas salas dentro de la montaña. Más adelante se repite el mismo fenómeno 

Cuevas de Hercules Ibiza

y nos parecerá estar sumergidos en una intemporal obra humana aunque nuevamente el arquitecto de esta construcción sea la naturaleza. Paredes tapizadas de anaranjada y rojizas 

colonias de pólipos, abundante anémona incrustante amarilla, esponjas frecuentadas por variopintos nudibranquios y una sugerente iluminación natural nos impactarán al recorrer plácidamente este escenario.

Al salir debemos seguir rumbo 210º, dejando la pared a la izquierda, para tras unos minutos de navegación comprobar que se produce un pronunciado giro a la izquierda, rumbo Sur y, tras una gran roca, aparece la impresionante entrada a la Cueva de la Luz. Desde su interior y mirando hacia el azul podremos comprobar la enorme envergadura de este espacio que acoge en sus paredes coloridos invertebrados de una enorme fragilidad por lo que extremaremos el cuidado al aletear cerca de ellos.

En esta cueva se puede incluso ascender a la superficie, encontrando entonces una bóveda aérea por la que entra la luz solar y que redondea la excepcionalidad del cuadro. Tras disfrutar del entretenido recorrido interior  en el que podríamos descubrir alguna cigarra de mar en temporada, saldremos fuera y regresaremos dejando la pared a nuestra derecha hasta el punto de fondeo o, lo que es preferible, nos esperará la embarcación si así lo hemos acordado con el barquero.